Bajar de peso: las ventajas de comer en plato pequeño

ventajas de comer en plato pequeñoA diario, cada individuo toma, de media, más de 250 decisiones relacionadas con la comida, según los investigadores del comportamiento alimentario. Desde elegir el desayuno -¿salado o dulce? ¿magdalenas o pan?...- hasta la porción que se va a tomar de cada alimento, y así a lo largo de toda la jornada, cada día de la semana.

La cantidad de comida que se toma no sólo depende de las características sensoriales (gusto, olor o textura) de los alimentos. La iluminación, la música y el ruido del lugar donde se come y las cualidades inherentes de la propia comida (temperatura, color, aroma...) marcan la diferencia entre comer más o menos. De igual modo, la disponibilidad, la comodidad y la cercanía de los alimentos facilitan su mayor consumo, aunque éstos sean poco recomendables. Las preferencias y aversiones, los condicionantes familiares y culturales, la compañía o incluso el tamaño tanto del alimento como del envase o la vajilla donde se sirve son factores que también determinan el resultado de la elección. De hecho, se estima que pasar de un plato hondo a uno llano puede llevar a servirse y comer hasta un 22% menos. Recurrir a platos pequeños para comer resulta una ayuda inestimable cuando se desea comer menos.

Plato grande, mayor consumo

Casi el 72% de la ingesta calórica de una persona está condicionada por aspectos ajenos al propio alimento, como el tamaño y la forma de cuencos, platos, vasos o utensilios que se utilizan para servir la comida. En esta línea, científicos de la Universidad de Illinois (EEUU) confirman la teoría de que cuando se sirve más cantidad en un plato o se escogen porciones más grandes, se tiende a comer más. Aunque no se tenga hambre o se esté saciado se come hasta un 45% más, según han comprobado en recientes estudios. La "ilusión óptica" hace que se subestime la cantidad consumida si se sirve en un plato hondo, en comparación con otro de menos capacidad (o en un bol de mayor volumen respecto a una taza), pese a que se haya tomado el mismo número de cucharadas en ambos supuestos. Esto se ha comprobado en diversos ensayos, entre ellos los desarrollados por el doctor Brian Wansink, reconocido por sus numerosos trabajos sobre el comportamiento alimentario del consumidor.

En uno de ellos los participantes recibieron aleatoriamente cuencos de distinto tamaño y se comprobó que los usuarios que usaron tazones de mayor volumen consumieron de media un 27% más de helado. Las porciones aumentaron un 14,5% cuando se les ofreció para servir una cuchara grande.

La percepción visual con respecto a las dimensiones vertical y horizontal de los objetos fue otro de las variables que se estudiaron. En esta línea, Piaget y otros investigadores han demostrado que cuando las personas observan un objeto cilíndrico, como un vaso de vidrio, tienden a centrarse en su dimensión vertical (altura) a expensas de la horizontal (anchura), e incluso sobreestiman la altura en un 20%. Para probar esto, los doctores Wansink y Van Ittersum realizaron un estudio con adolescentes en campamentos de pérdida de peso. Observaron este sesgo visual al comprobar que los adolescentes vertieron y bebieron hasta un 88% más de de zumo en los vasos anchos. Lo más sorprendente es que estaban convencidos de que habían añadido la mitad de bebida de lo que realmente habían echado. En otro estudio con adultos sanos, los mismos autores descubrieron que los participantes se servían más bebida en los vasos anchos que en los altos y estrechos.

La figuración de cambio de tamaño también se observa cuando se usa una misma cuchara y se sirve igual cantidad de alimento en dos platos de distinto tamaño. Se subestima el tamaño del cucharón y su contenido cuando se añade a un plato grande en comparación con la misma porción vertida a un plato pequeño.

Los resultados de estas investigaciones ponen de manifiesto que el tamaño de la vajilla puede ser una herramienta muy útil para un mejor control de la cantidad de comida que se debe consumir. En particular, quienes tienen necesidad de perder peso y también en el caso contrario, personas que tienen bajo peso o desnutrición y se muestran inapetentes. En ambos supuestos, aunque el objetivo sea el contrario (comer menos o más, en cada caso), el resultado es el mismo: la persona se siente satisfecha con el volumen proporcional de comida que ve en el plato.

Fuente: Eroski

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