El silencio de los adolescentes

el-silencio-de-los-adolescentesLos adolescentes usan el silencio como barrera, pero también como una forma de solicitar ayuda.

La adolescencia suele ser una etapa complicada tanto para los jóvenes como para los padres. Los adolescentes experimentan diversidad de cambios, buscan su propia identidad y necesitan su espacio. Desean ser independientes y autosuficientes, crecer sin la interferencia de sus padres. Una de las armas más efectivas que utilizan para poner distancia es el silencio.

No tienen problema para comunicarse con sus amigos, pero frente a sus padres adoptan el silencio. El celular y la computadora favorecen esta barrera que les permite distanciarse. No es que no deseen hablar o que no puedan apreciar los consejos. Pero hablar sería correr el riesgo de no poder callar, de no poder guardar sus cosas para sí, perder el poco terreno que se han ganado. Hablar les recuerda que aún dependen de sus padres y es necesario rebelarse ante esa dependencia. El lenguaje entra en el dominio de los padres, así lo señala el psiquiatra Xavier Pommereau, especialista en adolescentes, pues fueron ellos quienes enseñaron a hablar. Mantener el silencio es poner un velo que permite a los adolescentes crecer apartados de la intromisión de ellos.

Sin embargo, aunque el silencio es necesario para los adolescentes, no siempre es normal. El silencio puede ocultar muchas cosas: problemas de depresión, deseos suicidas, drogas, anorexia; los jóvenes se enfrentan a muchas cosas en su búsqueda de identidad y su silencio puede impedir que los padres noten que algo no anda bien. Los adolescentes quieren a sus padres lejos y difícilmente buscarán ayuda de forma directa. Sin embargo, a través de sus acciones y silencios gritarán cuando necesiten atención. Es por eso que aunque no quieran hablar, debemos estar alerta para interpretar sus silencios y estar dispuestas a escuchar.

Tal vez suena incoherente, qué vamos a escuchar si ellos no quieren hablar. Ciertamente los adolescentes no se abren fácilmente y buscan resolver sus cosas sin la intervención de mamá o papá. Sin embargo, en ocasiones necesitan comunicarse y encontrarán alternativas para acercarse sin perder la distancia que han establecido: sin decir nada, pueden acercarse con un gesto que indique que están molestos o buscar atención con una actitud de indiferencia. Pueden buscar consejo “para un amigo” e incluso acercarse con enojo para culpar a los padres de sus problemas.

El doctor Kenneth Ginsburg, co-autor del libro “Letting go with love and confidence” –Dejarlos ir con amor y confianza–, señala que sin importar cómo se acerque, será la forma de responder la que determine si el canal de comunicación permanece abierto o se cierra. Si se acercan no debemos poner trabas que impidan la comunicación. No juzgues, no intentes resolver, no minimices sus problemas o los niegues, simplemente escucha. Pregunta si hay algo en lo que puedas ayudarlo y sólo brinda consejo cuando lo solicite. La adolescencia es una etapa en la que los jóvenes deben aprender a resolver sus conflictos. Debemos dejar que aprendan de sus errores, darles su espacio y ser flexibles para cuando estén dispuestos a hablar.

Si el silencio se da de forma abrupta, por tiempo extendido y genéricamente en todos los ambientes, los padres deben estar más alerta. El psiquiatra Daniel Marcelli señala que si el periodo de silencio excede tres o cuatro meses, probablemente lo mejor sea consultar a un especialista. Acercarse al adolescente y ofrecer ayuda sin imponerla, darles espacio es importante; no culparlos del silencio, sino manejarlo como un problema que concierne a todos y preguntar si está de acuerdo en solicitar ayuda. Cierto silencio es necesario en la adolescencia, pero la comunicación siempre será indispensable.

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