La incesante búsqueda de la insatisfacción

La incesante búsqueda de la insatisfacciónAlcanzar un logro no es suficiente, ningún placer dura demasiado, no basta obtener lo que queremos, siempre buscamos más.

Imagina que después de una buena comida te dispones a disfrutar del postre. Servida en un pequeño plato, una rebanada de pastel decorada con una laminilla de chocolate y un poco de jarabe. Desde que ponen el plato frente a ti se te hace agua la boca. Tomas la cuchara y pruebas el primer bocado, te sabe a gloria, sólo puedes pensar en lo delicioso que está y tomas con entusiasmo el segundo bocado, un tercero y un cuarto. Después de unos cuántos bocados ya has retomado la plática con tus amigas, sigues comiendo el pastel, pero no con el mismo placer del primer trozo. ¿Ha dejado de saber delicioso? No, es simplemente que tu cerebro se ha acostumbrado.

Existen diversos neuroquímicos en nuestro cerebro responsables de la respuesta que tenemos ante diversas situaciones. Oxitocina, serotonina, dopamina, endorfina, son neurotransmisores que actúan como recompensa ante determinadas acciones, que en esencia, promueven nuestra supervivencia. La dopamina está vinculada a la motivación y la recompensa, la oxitocina a la confianza y creación de lazos, la endorfina produce sensación de bienestar y calma el dolor, mientras que la serotonina se relaciona a nuestro estado de ánimo y nuestros apetitos. Cuando hacemos algo que estimula la producción de alguna de éstas, sentimos una ola de placer.

La razón por la que disfrutamos al comer un pastel, hacer ejercicio o recurrir a un masaje es porque nuestro cerebro libera la sustancia correspondiente y nos sentimos bien. La cuestión es que el efecto de nuestros neuroquímicos no es permanente, rápidamente nos habituamos al placer y aunque lo seguimos sintiendo, ya no lo disfrutamos igual, pues ya no es información nueva.

El problema se da cuando queremos sentir nuevamente el despliegue de neurotransmisores y repetimos la acción con la esperanza de que el placer regrese, una y otra vez. Sentir esas olas de placer sólo nos hace desear más y nos sentimos insatisfechos cuando se termina. Desear más nos puede llevar convertirla en una adicción, pues nunca es suficiente, la satisfacción dura muy poco.

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