Soy exitosa, pero no soy feliz

Soy exitosa pero no soy felizQuizá tienes un trabajo envidiable, trabajas en una compañía destacada y tienes todo lo que cualquier persona podría desear. Pero a pesar de los elogios, a pesar de lo bien que te hace lucir el trabajo que tienes; lo cierto es que es un trabajo que no te hace feliz, que consume mucho de tu tiempo y en realidad no te deja espacio para aquello que en realidad desearías hacer.

Lo cierto es que nuestra idea del éxito está ampliamente dada por lo que nos han dicho desde que somos pequeños. Un trabajo bien pagado, una casa grande, un auto de lujo. Si bien el discurso sobre el éxito parece que ha cambiado con el tiempo dirigiéndose a uno de “lo que te haga feliz”; lo cierto es que este ideal de vida sigue teniendo peso y seguimos aspirando a esa idea de éxito ligada al “siempre ser ganadores”.

Cada persona tiene un maravilloso universo único en su interior; una forma de ver el mundo, talentos, capacidades, gustos, miedos y demás. Cada quien tiene la posibilidad de crearse una vida única; sin embargo, pareciera que seguimos tratando de encajar con un mismo modelo de vida ideal. Esa forma de vivir que nuestro entorno se ha encargado de repetirnos una y otra vez, hasta el punto que hemos creído que es lo que queremos.

Generalmente seguimos por un camino que no es el nuestro porque estamos buscando una aprobación externa, queremos quedar bien con los otros, queremos no fallarle a los demás, pero ¿de qué sirve un trofeo si te deja sintiéndote vacío? Es hora de que tomes las riendas de tu vida y comiences a trazar tu propio camino.

Tu mente sabe lo que has aprendido, pero es tu corazón el que sabe en realidad quien eres. Ninguna riqueza o reconocimiento social es suficiente para compensar una vida insatisfecha. Si no eres feliz con la vida que tienes, hay dos opciones: puedes elegir seguir en la inercia de lo mismo, con la máscara de que todo es perfecto o puedes atreverte a empezar desde cero en el camino que verdaderamente te haría feliz.

Más allá de las opiniones, de la comodidad, del dinero y de las certezas que hemos adquirido, más allá de todo eso que te detiene –o te hace resistirte– pregúntate ¿qué es lo que tú quieres? Basta de máscaras, basta de disfrazar tus emociones. Hay que llamar a las cosas por su nombre y ser honestos con lo que sentimos. No tienes que mostrar tus emociones a todo el mundo, pero no escondas de ti mismo lo que sientes.

Puede ser aterrador porque parece que tenemos mucho que perder, pero lo cierto es que si no estamos viviendo una vida que sintamos que vale la pena vivir, entonces tal vez en realidad no tenemos demasiado que perder; si lo que haces no te hace sentir bien contigo mismo es mucho más grave lo que pierdes cuando permaneces ahí; te pierdes a ti mismo.

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